𝓒𝓾𝓲𝓭𝓪𝓭𝓸 𝓬𝓸𝓷 𝓵𝓪𝓼 𝓪𝓶𝓲𝓼𝓽𝓪𝓭𝓮𝓼 𝓿𝓮𝓷𝓮𝓷𝓸𝓼𝓪𝓼.

Aléjate de las amistades verdes de envidia.
De las irrespetuosas.
De las que juzgan.
De las que critican.
De las que te utilizan.
De las que no te apoyan.
De las que sólo compiten.
De las que no te valoran.
Si alguien no te quiere en su vida, ¿para qué insistir?

De las que ni ven ni aprecian tu verdadera esencia.
De las que te encasquetan etiquetas que ni te gustan ni te definen.
Pero lo más importante, aléjate de las falsas amistades.
La amistad es algo precioso, pero la de verdad. ☺️ 
Me siento agradecida por las amistades de verdad que tengo.

Amigas son aquellas con las que comparto grandes viajes, playas, ciudades aviones y horas interminables en buses. París en verano y meriendas en el Sena, Londres bajo la bruma y playas desiertas al amanecer. Borracheras andaluzas y vino caliente en una hoguera del norte. Colegios de verano, tiendas de antigüedades, travesuras y anécdotas varias. Aventuras, ferias, locuras. Chocolate a la taza, sangrías y películas malas. Fiestas a recordar y ligues que salieron mal.

Ah, pero no son sólo eso. Son las tardes normales, haciendo cosas poco interesantes. Son días de diario, son el barrio de siempre, son la heladería de la esquina y los días malos. Son los inviernos aburridos y las tardes de verano sin piscina. Son las rachas grises y la comprensión mutua, son las reconciliaciones sin rencores ni reproches. Son la comprensión sin exigencias, son aceptación. Son las que no me juzgan si hago mal, pero como alguien hable mal de mi a mis espaldas lo fulminan. Son paz también nunca son guerra; no son sólo diversión.
Me alegro de haber aprendido a elegirlas medianamente bien, es todo un proceso…

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