Turquía a primera vista

 

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¿Alguna vez os habéis guiado por corazonadas? ¿Alguna vez un lugar os ha «llamado» y no sabéis por qué? A mi me pasó.
Fue ya hace años, pero como por aquel entonces no tenía blog voy a relatar mi experiencia ahora, junto con proyectos y viajes más actuales.

Cuando llegué, la verdad no sabía mucho de este fascinante país. Casi nada. Tenía tiempo, y quería dejar que la ciudad me sorprendiese. 

Bueno, lo primero que me sorprendió fue el clima…

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Esperaba frío, pues eso si lo había mirado. Pero no esperaba eso. No he pasado más frío en toda mi vida. El viento helado con nieve calaba los huesos e inmensas olas barrían el paseo marítimo. Parecía que íbamos a echar a volar, y el aguanieve nos golpeaba como proyectiles. La ciudad helada esperaba inclemente y mi ropa, que era la misma que llevo para un invierno en Madrid; allí era insuficiente.

Menos mal que tienen esa costumbre de ofrecer té en todas partes, hasta en las tiendas (sí). Con ese clima, el té caliente es como una bendición. Y entrar en un bazar cubierto, también.

La gente es sorprendentemente amable. Si te ven mojándote, te ofrecen paraguas. O bolsas para cubrirte de la lluvia. Te dan indicaciones, siempre sonrién. Intentan hablar contigo y ayudarte si te pierdas incluso aquellos que no hablan bien inglés. Nunca había estado en un país donde la gente sea tan acogedora y cálida.

 

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La verdad es que Facebook me fue muy útil para buscar piso, e incluso para conocer a otros estudiantes de mi universidad pero de diferentes carreras, a través de los grupos. En una semana tenía un piso precioso con dos compañeras de piso de mi edad que con el tiempo se convertirían en buenas amigas; y planes de fiesta  y culturales con otros estudiantes de varias partes del globo. No había pasado ni una semana, y ahí estaba en mi primera fiesta en un barco sobre el Bósforo.

Consejo. Estas fiestas son mejores si no acabas haciendo muñecos de nieve en la cubierta ni surcando un Bósforo helado bajo una tormenta de nieve.

En cuanto a la ciudad, estaba enterrada bajo una permanente capa de nubes negras, nieve y hielo. Por eso, mi primer descubrimiento fue el Bazar Egipcio o Bazar de las Especias. Y algunos cafés más que agradables…

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Descubrí las bebidas invernales como el salep y las delicias turcas en cafeterías llenas de encanto antiguo; con chimeneas y lámparas de araña y algunas con terrazas en la azotea donde te daban una manta para sobrevivir al frío mientras contemplabas la ciudad bajo la nieve.

Estambul tiene una parte nueva de rascacielos que reflejan la luz solar y rozan las nubes. Pero a mi lo que me interesaban eran sus tiendas de antigüedades, sus laberínticos bazares y sus encantadoras cafeterías. Tiene un aire nostálgico y evocador, y sabía que tenía aún mucho tiempo para ir descubriendo todo poco a poco.

 

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Aproveché esas semanas de frío invernal para visitar sitios como el acuario de Estambul, el más grande de Europa. Y es una buena manera de invertir una tarde invernal.

Como buena estudiante de artes, fui libreta en mano para dibujar las formas y colores de los peces tropicales más fascinantes.

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De las increíbles puestas de sol sobre el Bósforo o los bonitos paseos a pie por el centro de la ciudad no sabía nada, de momento… Para mí la ciudad era aún un laberinto por descubrir. 

Bueno, estas fueron mis primeras impresiones al llegar a Turquía para el semestre de invierno-primavera.

¡Os iré contando más de mi experiencia! Más que nada, más adelante planeo hacer una guía alternativa para Estambul.

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Imágenes propias o libres de derechos vía www.pixabay.com

 

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